CALATRAVA AHORA DEBE ATENDER TROPEZONES Y CAÍDAS
En varios números de esta revista hemos seguido la complejidad que tuvo para el arquitecto español Santiago Calatrava su primer trabajo en Venecia, Italia, donde diseñó un puente sobre el gran canal, el primero en construirse luego de varios siglos. Calatrava tuvo problemas con el diseño, se le criticó su estética, que el paso peatonal era inaccesible para discapacitados, se puso en duda su estabilidad estructural, se dijo que la empresa constructora no tenía la experiencia para ese tipo de obras y se le objetó que el presupuesto final casi duplicó las estimaciones iniciales.
Tantas fueron las objeciones que el puente se liberó a su uso hace pocas semanas, prescindiendo de cualquier acto oficial.
A partir de entonces surgieron nuevos inconvenientes. Es que la particularidad de los escalones de acceso a la obra, realizados con cristal y dimensiones no convencionales, provocan innumerables caídas a los usuarios, muchos de los cuales han debido ser atendidos en los hospitales.
Algunos de los escalones son más largos que otros, obligando a mirar siempre por donde se camina, mientras que el cristal que los reviste es a veces engañoso sobre la inclinación del peldaño.
Según Calatrava, sus escalones "son normales", habituales en los puentes de Venecia, debido al semiarco necesario para que puedan pasar las barcas por debajo. El arquitecto considera que el problema pasa más por una cuestión de "percepción" de cada persona que por un problema "técnico". A pesar de ello, y como la realidad indica que la gente se cae, el proyectista debió sugerir al Ayuntamiento de Venecia una solución, que consiste en la sustitución de los 24 peldaños de cristal más largos con otros de traquita (piedra volcánica). "Es un trabajo fácil, que se puede completar en una o dos noches sin necesidad de cerrar el puente", aseguró Calatrava.
También Calatrava sugirió reemplazar algunos puntos salientes en los monolitos de las extremidades del puente con los que suelen tropezarse personas con problemas de vista.
No obstante, el Ayuntamiento anticipó que por ahora no realizará cambios y que se limitará a colocar carteles alertando a los transeúntes que tengan cuidado con los peldaños.
No es la primera vez que un puente del arquitecto presenta problemas de caídas. En su maravillosa pasarela de Bilbao, habilitada en 1998, son cientos "los señores y señoras que se han dado morrazos impresionantes".