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Finis térrea: la muerte en cubos
No resulta simple incluir una obra destinada a servir como sepulcro dentro del campo de la arquitectura. Sin embargo, muchos de sus componentes se engloban entre las condiciones que definen este tipo de arte.
El cementerio de Fisterra, en La Coruña, España, obra del arquitecto César Portela, está compuesto por 14 cubos de 12 nichos cada uno, más otros tres a modo de capilla y sala de autopsias, situados de forma dispersa sobre la ladera de una colina. Los bloques están construidos con losas de granito gris, procedente de Pontevedra, de acabado flameado, con dimensiones de 3,30 m x 5 m y una altura de 3,30 m, apoyadas sobre muros de mampostería.
El autor explica así su obra: "Nuestra cultura ha interpretado el cementerio como un recinto, acotado, cerrado. Como un ámbito arquitectónico que tiene un dentro y un afuera. Por el contrario, la alternativa que aquí se contempló viene de la mano de un cementerio libre, que no implique grandes desmontes, procurando al máximo la adaptación a la topografía y minimizando su impacto en el paisaje. La propuesta contempla la construcción de un cementerio fragmentado en pequeñas edificaciones, articuladas en torno y a lo largo de pequeños caminos existentes en las laderas de la montaña. Un lugar cuyos muros son la colina, la montaña, el río y el mar, y cuyo techo es el cielo. Un territorio de los muertos que guarda una estrecha semejanza con la ciudad o el territorio de los vivos". No es mala memoria para tan singular lugar.
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EDICIÓN Nº 186 - ABRIL 2010