Imhotep, el primer arquitecto
La arquitectura egipcia es la arquitectura de la permanencia y la inmutabilidad y marca el inicio de la arquitectura occidental, enraizada en la religión y la ciencia. Entender la arquitectura, Leland Roth
Es difícil aseverar que hubo un primer arquitecto de la historia de la humanidad, con nombre y apellido. Sin embargo, hay una persona que logró hacerse de ese título, con nombre propio.
Su actividad se desarrolló hace 5000 en Egipto, parte de la civilización que marcó a fuego la historia de la humanidad. Su nombre era Imhotep y es considerado el primer arquitecto del que se tuvo registro. Algunos escritos lo describen como maestro artesano de los escultores y albañiles. Su obra emblemática aún permanece en pie y continúa siendo objeto de estudio, admiración y misterio.
Imhotep vivió en el Imperio Antiguo egipcio. Es reconocido como un hombre excepcional de su tiempo. Por un lado, era una persona cercana al faraón, Djoser. En la corte actuaba como médico, sacerdote, escriba y consejero, lo cual le daba un aura especial que lo acercaba a lo sagrado.
Su condición de arquitecto la ganó con una obra que, si bien pertenece al campo de la arquitectura, también reúne amplios conocimientos de ingeniería y otros tantos de urbanismo.
Imhotep diseñó una ciudad funeraria que no solo marcó un precedente dentro de esa tipología, sino que también anticipó principios constructivos que, siglos más tarde, serían retomados por griegos y romanos.
La razón
Los egipcios mantenían una relación particular con la muerte. La convicción de que existía una vida posterior los llevó a construir tumbas concebidas como verdaderas moradas para la eternidad, donde el difunto podría continuar su existencia después de morir.
Hasta la época de Imhotep, las tumbas reales eran estructuras simples llamadas mastabas. Tenían base rectangular, paredes inclinadas y techo plano, y estaban construidas con adobe. Desde la superficie, un pozo descendía hasta la cámara funeraria, ubicada bajo tierra.
Imhotep introdujo una transformación radical en la manera de construir. Por un lado, reemplazó el adobe por la piedra y concibió una obra destinada a perdurar. Además, decidió superponer varias mastabas de dimensiones progresivamente menores. El resultado fue la pirámide escalonada de Zoser, en Saqqara, considerada la primera pirámide monumental de la historia. Su diseño modificó para siempre la arquitectura funeraria egipcia e inauguró una nueva etapa en la construcción de grandes monumentos.
La pirámide de Saqqara, su obra maestra, representó mucho más que un cambio formal. Supuso una revolución técnica que permitió levantar estructuras de mayores dimensiones, más resistentes y capaces de desafiar el paso del tiempo. La piedra, por su solidez y permanencia, se convirtió también en una expresión material de la aspiración egipcia a la eternidad.
Su estructura se basa en seis niveles, adoptando forma de pirámide, con 60 metros de altura. Cada uno de ellos fue levantado mediante bloques de piedra caliza, relativamente pequeños en comparación con las pirámides posteriores, lo que facilitaba su transporte y colocación.
Uno de los aspectos más innovadores fue la disposición de los bloques con una ligera inclinación hacia el interior. Esta técnica mejora la estabilidad de la estructura, reduciendo el riesgo de colapso por desplazamientos laterales. Además, el núcleo de la pirámide estaba compuesto por rellenos de piedra y escombros, lo que permitía avanzar con mayor rapidez en elevación.
La obra también exigió una organización logística extraordinaria. Fue necesaria la participación de mano de obra especializada, sistemas de transporte de materiales y una coordinación centralizada. Aunque no existen registros de los métodos utilizados, se presume el uso de rampas y trineos para el traslado de los bloques, así como de herramientas de cobre y piedra para su tallado.
La pirámide escalonada fue, en definitiva, una revolución tecnológica. En sus niveles superpuestos, sus bloques de piedra y su extensa red de pasadizos subterráneos se encuentra el origen de una de las tradiciones constructivas más extraordinarias de la humanidad. Imhotep actuó en la intersección entre la arquitectura y la ingeniería para crear una obra funcional, resistente y concebida para la eternidad.
El complejo
Saqqara no se limita a la pirámide escalonada. Se trata de un complejo funerario integrado por patios ceremoniales, templos, galerías, edificios simbólicos y una extensa red de túneles y espacios subterráneos. En el conjunto se reconoce una concepción integral del espacio, en la que cada elemento cumplía una función ritual y simbólica. De este modo, Imhotep anticipó algunos principios que actualmente se asocian como planificación urbana.
El complejo estaba rodeado por una muralla de piedra caliza de aproximadamente diez metros de altura. En ella se distribuían catorce puertas falsas y un único acceso verdadero. La entrada conducía a un pequeño patio y, posteriormente, a una sala hipóstila formada por cuarenta columnas dispuestas en dos filas enfrentadas. Estas se encuentran entre los primeros ejemplos conocidos de columnas construidas en piedra en la arquitectura egipcia.
Dentro del recinto se levantaban un templo y diversos edificios macizos de carácter simbólico, acompañados por patios destinados a ceremonias y celebraciones religiosas. La organización del conjunto reproducía espacios vinculados con la vida política y ritual del faraón, pero concebidos para acompañarlo en su existencia después de la muerte.
Bajo la superficie se extendía un intrincado sistema de túneles, galerías, depósitos y cámaras. Once pozos de aproximadamente 32 metros de profundidad permitían acceder a distintos corredores, en los que se encontraron sarcófagos, salas y almacenes que contenían más de 48 000 recipientes de cerámica y piedra.
La cámara funeraria se encuentra en el centro de la pirámide, al fondo de un pozo de aproximadamente 28 metros de profundidad y siete metros de ancho. Fue construida con granito y revestida con yeso, materiales destinados a proteger el lugar donde reposaría el cuerpo del faraón.
La influencia
El impacto del trabajo de Imhotep fue inmediato y permanente. Las pirámides posteriores, como las del complejo de Giza, no pueden entenderse sin Saqqara. Imhotep estableció una arquitectura que perduró durante siglos y se convirtió en símbolo de la civilización egipcia.
Lo curioso de su figura es que, si bien fue respetado en su tiempo, el gran reconocimiento llegó siglos después, cuando comenzó a ser venerado como una deidad, asociado a la sabiduría y la medicina. Incluso los griegos lo identificaron con Asclepio, su dios de la salud.
Por eso, a diferencia de muchos constructores de la antigüedad, su nombre fue preservado. Es el primer autor de obras de arquitectura (e ingeniería) con nombre propio, en una disciplina que durante siglos fue colectiva y sin firma. Su reconocimiento marca una forma distinta de concebir la creación: la obra asociada al individuo que la generó.
El Museo
Imhotep cuenta con un museo propio en la zona de Saqqara. El espacio pone especial en el carácter innovador de su obra y en su influencia sobre la arquitectura monumental del antiguo Egipto.
El museo reúne alrededor de 300 piezas arqueológicas, distribuidas en seis espacios. En el vestíbulo de entrada se exhibe un fragmento de la base de una estatua del faraón Zoser, en el que pueden leerse el nombre de Imhotep y los numerosos títulos que ostentó: “Portador del sello del rey del Bajo Egipto, primero después del rey, administrador del palacio, príncipe hereditario, sumo sacerdote de Heliópolis y maestro artesano de escultores y albañiles”.
A la izquierda de este vestíbulo se halla una sala-biblioteca dedicada al arquitecto Jean-Philippe Lauer (1902-2001), quien dedicó su vida al estudio y comprensión de la obra de Imhotep.
La sala central se dedica a elementos arquitectónicos de ese conjunto y presenta piezas originales, paneles explicativos y dibujos. Entre los objetos expuestos se encuentran fragmentos del muro de la capilla conocida como “tumba sur”, restos de columnas acanaladas que imitan haces de cañas y partes de muros y techos tallados para reproducir troncos de madera.
Estos elementos conforman la plasmación en piedra realizada por Imhotep a imitación de las construcciones de barro, troncos y cañas.
Entre las piezas dedicadas a su figura se destaca una pequeña estatua de bronce que lo representa en sentado, vestido con una larga falda propia de los de los sacerdotes y con un rollo de papiro apoyado sobre las rodillas. La imagen reúne sus diferentes facetas: arquitecto, sacerdote, sabio y hombre de conocimiento.
