Cada evento deportivo permite el desarrollo de una de las obras que más protagonismo ha tomado en los últimos años en el mundo del diseño, la arquitectura y la ingeniería. El mundial de fútbol de Sudáfrica no ha sido la excepción, y entre tantos nuevos estadios se destacó el de Mbombela, inspirado en las jirafas y el de menor costo del mundial.
La buena arquitectura –señalan muchos-- es aquella que satisface eficientemente las necesidades de los usuarios, obedece a la idiosincrasia del lugar, respeta el paisaje natural y se construye haciendo un uso racional de los recursos disponibles.
El Estadio Mbombela es un ejemplo del talento y sensibilidad de sus creadores, quienes sin necesidad de sumas millonarias de dinero (128 millones de dólares), ni sofisticadas tecnologías y materiales, hicieron uno de los estadios más originales y bellos.
El bajo costo fue posible debido a que R&L Architects, diseñadores del proyecto, decidieron hacer un edificio con materiales de alta resistencia, mínimo mantenimiento y producidos por la industria local.
El Estadio Mbombela –cuyo nombre significa, en siswati, “mucha gente junta en un espacio reducido”– comenzó a edificarse en 2007 y se concluyó a fines de 2009.
Para su construcción se utilizaron materiales fabricados en Sudáfrica, de medidas estándar, fáciles de conseguir y transportar, como: concreto, perfiles de acero y láminas de acrílico transparente.
Tiene capacidad para 43.500 espectadores, con una forma rectangular ligeramente curvada en los extremos. Los arquitectos adoptaron esa planta debido a que el rectángulo requiere de soluciones constructivas y detalles menos complejos.
El clima subtropical y el paisaje de la región establecieron algunas pautas del proyecto, que se resolvió a partir de pasillos abiertos, omitiendo en la medida de lo posible los muros. El diseño estructural fue inspirado en las jirafas, representadas en las 18 columnas de acero de 48 metros de altura que a partir de una serie de tensores y armaduras de acero soportan la cubierta del estadio. La misma, hecha con un material transparente, abarca 22.500 m² y cubre el 95% de las localidades.
Los asientos fueron pintados de color blanco y negro, imitando el pelaje de las cebras, otro animal representativo de Sudáfrica. La disposición de las gradas en tres niveles permite estar lo más cerca posible del campo de juego.
El color fue, también, un recurso de importancia para realzar la belleza del estadio. Los diseñadores pintaron las estructuras de acero, muros y pisos de colores verdes, azules, rojos, anaranjados y amarillos, lo que hace del edificio un espacio de gran vitalidad.